Las montañas azules
Después de pasar dos meses en Sajonia, continué mi viaje hacia Baviera para trabajar casi un mes en una granja con 50 alpacas de uso terapéutico y muchas otras aves de corral. En esa tierra de ratoneros y arrendajos, donde el agua conoce bien al hielo y el sol es muy tímido, he aguantado dos semanas rodeada de unos animales tan curiosos como son las alpacas. Y digo aguantado porque terminé tan atrapada en la rutina de la granja que sólo el cansancio supo decirme "basta". Y ahora escribo desde París, pero esa es otra historia. Si hay algo que he aprendido estos meses de los alemanes es su afición por el trabajo, la necesidad de llegar a un fin, de conseguir algo. Y mi yo caótico ha tenido que renunciar un poquito a su desorden para adaptarse a esta mentalidad. Pero cuando esto empieza a ser abusivo, hasta un punto que uno pierde la noción de lo que está haciendo realmente, de su tiempo libre para simplemente ser, empieza el problema. Si bien al empezar el año sabát...